Lectura

Rebaño mal comido

Otra prueba y van...

Rebaño mal alimentado

Hola

Hay una pregunta que quizás nadie te ha hecho últimamente, pero que vale la pena hacerse: ¿de qué estás alimentando a tu congregación?

No hablo de la doctrina que predicas. Hablo de la profundidad desde donde predicas. Hablo de lo que hay detrás de tus ojos cuando abres la Biblia el domingo.

Porque hay una diferencia enorme entre un pastor que lleva veinte años leyendo, estudiando, pensando, y uno que lleva veinte años repitiendo lo mismo con distintas ilustraciones de YouTube.

Y el rebaño lo nota. Aunque no sepa explicar por qué.

El problema tiene nombre

Seamos honestos entre pastores: muchos de nosotros dejamos de leer. No fue una decisión. Fue una acumulación. Las visitas, las crisis, los matrimonios en problemas, los diáconos difíciles, la preparación del sermón del domingo, la reunión del miércoles, la familia que también necesita un pastor. Y en algún momento, sin que nadie lo anunciara, el libro quedó en la mesa de noche con el marcador clavado en la página 47 desde hace tres meses.

Y el tiempo que antes era de lectura, hoy es de scroll. Un video de predicación por aquí, un devocional rápido por allá, un podcast mientras manejamos. Contenido, mucho contenido. Pero formación, poca.

El problema no es que usemos YouTube. El problema es cuando YouTube reemplaza al libro. Cuando el predicador famoso con buena producción y frases memorables se convierte en nuestra principal fuente de pensamiento teológico. Cuando empezamos a preparar sermones con lo que otros digirieron por nosotros.

Sin darnos cuenta, nos convertimos en pastores de segunda mano.

Lo que le pasa al rebaño

Las ovejas no saben de hermenéutica. No van a venir a decirte “pastor, noto cierta superficialidad en su exégesis”. Pero sí sienten cuando algo falta. Cuando el sermón entretiene pero no transforma. Cuando hay emoción pero no hay peso. Cuando las palabras suenan bien pero no tienen raíces.

Y en ese vacío entra YouTube. Con sus algoritmos, sus predicadores carismáticos, sus frases cortas y contundentes, sus promesas de victoria y prosperidad empaquetadas en ocho minutos. Tu congregación no busca entretenimiento porque sea frívola. Lo busca porque tiene hambre y no está encontrando alimento suficiente en otro lado.

Un pastor que no lee forma, sin quererlo, ovejas que buscan en otro lado lo que él debería estarles dando.

Eso duele. Pero es verdad.

La solución no es heroica

No te estoy pidiendo que leas tres libros por semana ni que construyas una biblioteca de diez mil volúmenes. Te estoy pidiendo algo más sencillo y más difícil a la vez: que vuelvas a leer.

Un libro. El que tienes en la mesa de noche desde hace tres meses. Veinte minutos al día. Sin culpa, sin prisa, sin compararte con Spurgeon que supuestamente leía seis libros diarios. Solo tú, una página tras otra, dejando que alguien que pensó profundamente te ayude a pensar más profundo también.

Porque el pastor que lee, tiene de dónde sacar. Tiene profundidad. Tiene matices. Tiene palabras para las preguntas difíciles de su gente. Y sobre todo, tiene algo genuino que ofrecer, algo que no copió de nadie, sino que fue formado en él a través del tiempo y la lectura.

Tu rebaño necesita eso. No necesita que compitas con YouTube. Necesita que seas lo que YouTube nunca podrá ser: su pastor. Presente, formado, profundo, real.

Preguntas para reflexionar

  • ¿Cuándo fue la última vez que terminaste un libro?
  • ¿De dónde viene realmente el contenido de tus sermones — de tu lectura y estudio, o de lo que consumiste en pantalla esta semana?
  • Si tus ovejas imitan tus hábitos, ¿qué clase de discípulos estás formando?
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